Ya a casi está encima la jornada electoral para la conformación del Poder Legislativo de Coahuila, cuya consecución será a principios de junio, ya se traslucen destellos muy anticipados con relación a la elección para la gubernatura. Incluso ya se mencionan algunos nombres que, por adelantarse, suponen que serán escogidos para la contienda; personajes que han optado por exhibirse en una multiplicidad de eventos y lugares con el objetivo de que su presencia quede en la memoria ciudadana.
Según algunos medios de difusión, la diputada Verónica Martínez García figura entre quienes se mencionan para acceder al puesto. Sin embargo, con todo y su afán de promocionarse, es difícil encontrarle muestras de madurez política, cuya esencia le daría carácter, que es muy necesario tener para saber manejar al gobierno estatal. Nada más que hay que ser realistas, ya que si ella persiste en pelear por ese lugar, caería en el riesgo de estar desconectada de la realidad.
Al parecer, ella está atenida a pugnar por el puesto en caso de que se defina la candidatura por una mujer y sea la que represente al Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la elección de 2029. Esos mismos medios aducen que está recibiendo apoyo por parte del exgobernador y ahora senador Miguel Riquelme, quien al ser su coterráneo, suponemos, en él encontró la confianza para que la guíe. Sólo hay que recordar que el señor Riquelme estuvo a horas del límite de que el dictamen del Tribunal Electoral procediera a invalidar su participación debido a algunas causales ilícitas en las que incurrió. ¿Ese es uno de los consejos que le daría a Verónica Martínez en el sentido de pasar por alto disposiciones no permitidas?
Sin desmerecer su actividad legislativa, donde el mayor tiempo en ese puesto ha sido –como lo hacen los oyentes en clases universitarias– de sólo escuchar y a veces emitir votos, como cuando se propuso la eliminación de algunos órganos autónomos. Y no está mal, sólo que esa línea le fue marcada por la bancada de su partido a pesar de que, por sentido común, el razonamiento dicta no estar de acuerdo con la tal desaparición, ya que influiría en la no transparencia, impidiendo al ciudadano el acceso a conocer lo que hace el gobierno. Esa actitud es perfectamente razonable, y no se necesita de asesoría para dar esa opinión negativa. Así como lo hizo al oponerse a la creación de nuevos impuestos.
Esas posiciones no pernearon con ímpetu en la aceptación de los miembros de su partido en el ambiente camaral, ni el trabajo en esos puestos le brinda atributos para pelear una candidatura del rango de dirigente estatal. Claro, son importantes, pero no son básicos, pues para pretender esa aspiración es necesaria la presencia física en el estado, que le dé resultados que sean redituables con trabajos trascendentes, de fondo, que beneficien a los habitantes coahuilenses, lo cual siempre es mejor que estar en una curul que no proporciona una cercanía con la ciudadanía, que para sus pretensiones debe tener. El que obsequie, por ejemplo, aparatos ortopédicos, sillas de ruedas, etcétera, eso, desde luego, aporta una satisfacción al resolver un problema de discapacidad y que, por supuesto, es muy loable, además de contribuir a hacer más llevadera la vida de la persona inhabilitada y sus familiares.
Para poder aspirar a competir por el Ejecutivo del estado se requiere al mismo tiempo tener experiencia sobresaliente en otras áreas del poder público, pues las curules no dan el pase automático para luchar por ese nivel.
La gubernatura es un paso muy grande sin haber ocupado antes un puesto de elección popular. Revela que es necesario que haya hecho trabajos públicos que lo hayan ponderado de manera que, con esa experiencia, dé lugar a transitar por caminos más conocidos que lo conduzcan al espacio que pretende, pues eso refleja haber tenido contacto popular y, por lo tanto, se le facilite crear estrategias que le ayuden a escalar.





